“Prácticamente, desde niño siempre hice este trabajo. Desde muy pequeño me dediqué únicamente a esto y siempre me gustó tratar con la gente, con el público. Mi mayor satisfacción era lograr que los clientes se fueran contentos.”
Así inicia su relato el señor Rocco Malaspina, compartiendo la historia de vida que lo llevó a consolidar uno de sus mayores sueños: construir su propio restaurante italiano en Alemania.
Durante mi visita a Italia am See, tuve la oportunidad de conversar con él y su hijo Francesco sobre su trayectoria, los retos de migrar, el trabajo constante detrás de cada proyecto y el profundo vínculo que ha desarrollado con cada uno de los restaurantes que ha construido a lo largo de su vida.

El señor Rocco Malaspina comenzó su carrera en el sector restaurantero a los 13 años, cuando ingresó a la Escuela Hotelera en Italia. A pesar de ser uno de los estudiantes más jóvenes, logró graduarse entre los primeros de su generación. Desde entonces, tenía claro que quería dedicar su vida al mundo de la gastronomía y el servicio.
A los 19 años, y junto con su hermano, abrió su primer restaurante en Italia. Mientras su hermano se encargaba de la cocina como chef, él descubría cada vez más su pasión por la atención al cliente. El negocio comenzó a funcionar muy bien y ya tenían planes para expandirse cuando una nueva oportunidad apareció inesperadamente.
Un amigo que vivía en Alemania y que frecuentaba su restaurante durante las vacaciones le propuso ir a trabajar con él por un periodo de tres meses. Además de ofrecerle un buen sueldo, también le proporcionaba un departamento amueblado como parte del acuerdo. La única condición era llevar consigo a un chef y un ayudante.
La propuesta representaba una aventura completamente nueva y decidió aceptarla.


“Cuando crucé la frontera era septiembre y todo estaba lleno de flores. Las casas, la naturaleza… todo era hermoso.”
Ese primer contacto con Alemania fue suficiente para despertar algo en él. Aunque al principio enfrentó la dificultad de no hablar alemán, encontró una manera sencilla de comunicarse con los clientes: aprender los números del menú. Durante su primera semana memorizó los números del 1 al 1000 en alemán para poder tomar órdenes y atender las mesas.
Poco a poco comenzó a sentirse cómodo. La relación con los clientes era cercana y agradable, y el trabajo empezó a dar resultados incluso mejores de lo esperado. Al terminar los tres meses acordados, él y su esposa tomaron la decisión de quedarse un poco más. Ese “poco más” terminó convirtiéndose en toda una vida en Alemania.
Con el paso de los años llegaron nuevos proyectos, sociedades, cambios y también momentos complicados. Después de una experiencia empresarial que terminó para preservar una amistad importante, el señor Malaspina volvió a empezar desde cero trabajando nuevamente como mesero en un restaurante llamado “Casa Toscana”. Sin embargo, nunca perdió de vista su verdadero objetivo: tener su propio restaurante.
Como parte de su estrategia, decidió comprar un pequeño kiosco o remolque para vender pizza italiana. La oportunidad creció inesperadamente cuando uno de sus clientes, director de una cadena de supermercados, le preguntó si conocía a alguien que pudiera instalar un puesto de comida italiana dentro de uno de sus establecimientos.
“¡Claro que sí, soy yo!”, respondió entre risas.
El proyecto fue un éxito. Más tarde llegó un segundo kiosco y gracias a esos ingresos adicionales logró ahorrar dinero para abrir finalmente su propio restaurante en Eggenfelden en junio de 1992.


El lugar originalmente era una antigua cantina y muchas personas le decían que no era una buena ubicación. Sin embargo, él ya podía visualizar exactamente lo que quería construir.
“La belleza de todos los lugares que hice es que yo los he diseñado. Yo conozco cada piedra de mis locales.”
Esa conexión personal con los espacios sigue siendo una de las cosas más especiales de su historia. El señor Malaspina no solo se involucró en la operación de sus restaurantes, sino también en la decoración, diseño y conceptualización de cada uno de ellos.
A lo largo de más de 40 años de trabajo logró consolidar varios restaurantes y proyectos gastronómicos, incluyendo negocios enfocados en servicio a domicilio. Hoy, Italia am See representa la consolidación de toda esa trayectoria.
Ubicado a la orilla del lago Rottauensee, el restaurante se ha convertido en un espacio que invita al disfrute, la tranquilidad y la convivencia. Con terrazas al aire libre, espacios privados, música en vivo durante el verano y un ambiente profundamente familiar, Italia am See refleja no solo el amor por la comida italiana, sino también la historia de una vida construida con esfuerzo, visión y pasión.
Esta entrevista forma parte de mi proyecto editorial Viajes que Nutren, donde exploro historias que conectan gastronomía, identidad, territorio y transformación humana.
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